1. ¿Cuándo y cómo le surgió la necesidad de escribir literatura infantil y juvenil?

Yo tenía once años y cursaba el quinto grado de la escuela (como se llamaba entonces). En mi colegio teníamos todos los lunes una asamblea durante la cual cantábamos el Himno Nacional y nos informaban de distintos temas. Justamente aquel año, decidieron tener 10 minutos de “hora social” donde los alumnos de los diferentes grados de primaria tendríamos que participar con coros, poesías y teatro. A mi paralelo, el 5to A, nos salió rifado que actuáramos una comedia. Como no encontramos nada en la biblioteca escolar que durase el tiempo deseado, yo fui a mi casa y escribí la comedia. Era la primera vez que lo hacía. Yo no era una niña genio ni de lejos ni la mejor estudiante, pero era una niña lectora y entusiasta. Al presentar mi “obra” al maestro (que seguramente tenía un corazón de oro) el lo aceptó y nos propuso empezar a practicar. Yo me sentí escritora completa y, puesto que había descubierto que me encantaba escribir, empecé a hacerlo a pedido de mis compañeros y compañeras de clase. Ellos me daban el tema: que tenían un nuevo hermanito, que la gata había parido cinco gaticos, en fin… entonces yo escribía el cuento y se los regalaba. Así comenzó mi pasión por escribir y mi deseo de ser de “grande” una escritora profesional.

 

  1. ¿Por cuál de sus obras siente más afecto?

Mira, yo digo que mis libros son mis hijos de papel (tengo sesenta y tres al momento y seis de carne y hueso) por lo tanto no siento preferencia por ninguno y a todos los amo por igual. En todos he puesto un algo de mí. A todos les he dado vida con mi creatividad y corazón. He reído, he llorado, y he seguido a los personajes y sus aventuras y desventuras de principio a fin, hasta poner la última palabra; el último eslabón que completa su ciclo vida creativa.

 

  1. ¿Qué personaje de sus obras le ha marcado más?

“La Flaca”. Es un personaje de mi libro sobre los niños de la calle titulado, “Lágrimas de ángeles”. “La Flaca” es valiente, curiosa, optimista y nunca se deja vencer por las circunstancias terribles en la que vive.

 

  1. ¿Existe alguna cuestión que intenta evitar cuando escribe?

Si. La cursilería.

 

  1. ¿Alguna vez ha tenido que escribir un contenido por encargo?

Sí, algunas veces. Por ejemplo, la trilogía histórica novelada de lo que llamamos “El primer grito de independencia”. Eso fue en el año 2009. Sus títulos son: “El perro el farolero y una historia de libertad”, “El caballo, la rosa y una historia de rebelión” y “El cóndor, el héroe y una historia de independencia”. También fue por encargo mi obra “El día de ayer”, que trata de niños y niñas que padecen SIDA. Este libro me encargó un sacerdote que es el rector y director de un colegio/hospital. Al leer mi novela “Lágrimas de ángeles” (sobre los niños de la calle) me pidió que escribiera otro de tema complicado. También, la novela juvenil biográfica sobre Simón Bolívar, “Simón era su nombre”, una editorial en Colombia me lo pidió escribirla al cumplirse el bicentenario de la Independencia de ese país.

 

  1. Cuando escribe, ¿dónde pone más énfasis, en la forma o en el fondo?

En el fondo. Si tienes un fondo firme, bien cementado la forma se proyecta como su sombra. 

 

  1. ¿Qué es lo que menos le gusta del mundo de la literatura –presentaciones, entrevistas, conferencias, presión de las editoriales…-?

Los colegas. Algunos te tratan de hacer la vida a cuadritos.

 

  1. ¿Qué premio literario le ha producido mayor agrado?

Ah, ¡pues este! Es un premio que abarca a Iberoamérica, para qué decir más.

 

  1. ¿Qué obra literaria tiene en mente, y todavía no la ha llevado a cabo?

Escribir sobre la paz. Más concretamente la paz en Colombia. Es un país vecino que no ha conocido la paz desde la década de los cuarenta del siglo pasado. Este momento estoy haciendo las investigaciones pertinentes y no es nada fácil pero sí apasionante. Será un libro para niños de doce años en adelante, o jóvenes adultos.

 

  1. ¿Qué consejos daría a un principiante en el mundo de la literatura?

Que escriba siempre con respeto. Que no considere a los niños y a los adolecentes como seres inferiores a los adultos. Que no rebusque las palabras, que no trate de ser algo más de lo que es como ser humano. Que escriba con sencilla belleza, sin egos, sin rebuscar el lenguaje. Tirando por la ventana una retórica retorcida.

 

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